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MM: El presente
recital de instrumentos informales Les Luthiers estará dedicado
a ilustrar un período de la vida del célebre compositor
Johann Sebastian Mastropiero. Se trata del así llamado "período
gitano" de Mastropiero, vinculado con su protegido, Azuceno Mastropiero.
Se considera como comienzo de esta etapa, la fecha en que Mastropiero
tomó a su servicio a la gitana Azucena. En ese entonces Mastropiero
comenzaba a componer su cuento orquestal para la niñez "Teresa
y el Oso".
Dice el compositor en el prefacio a la primera edición de esta
obra: "He concebido mi cuento orquestal "Teresa y el Oso",
como un homenaje a mi propia infancia. De niño, yo poseía
una agraciada voz y muy temprano comencé a cantar en la iglesia,
...hasta que se despertó el sacristán. El bondadoso anciano,
impresionado por mi voz, me llevó ante el maestro de capilla, un
obeso sacerdote que había dejado los hábitos y no se acordaba
dónde.
Él fue mi primer maestro de música y el que sembró
en mí el deseo de componer alguna vez un cuento orquestal; en mi...
o en cualquier otro tono".
"Concretamente", sigue diciendo Mastropiero, "los personajes
de Teresa y el Oso están inspirados en Libi y Dini, mis dos ositos
de felpa, y en Teresa Hochzeitmeier,
mi nodriza. Con ellos yo dormí hasta los cinco, siete y veintiséis
años, respectivamente".
El conjunto
de instrumentos informales Les Luthiers ha de iniciar su recital de esta
noche con la ejecución del cuento orquestal para la niñez
"Teresa y el Oso" de Johann Sebastian Mastropiero.
Los distintos personajes del cuento estarán representados cada
uno por un diferente instrumento de la orquesta:
El latín o violín
de lata solista representará a la Princesa Teresa.
El glamocot
será el Oso Libidinoso.
El yerbomatófono
d'amore, la Vaca Resaca.
El Jabalí Alí se identificará con el alt-pipe
a vara.
La Mulita Julita, el charango.
El tubófono silicónico
cromático será el Pajarillo Amarillo
El trío de kazoos, los tres gansos... los tres Gansos Mansos del
cuento.
La Bruja Granuja, el glisófono
pneumático.
Un instrumento especialmente diseñado para el caso representará
al Cascarudo. Este instrumento se llama... el
cascarudo.
El Molusco Pardusco, a cargo del
gom-horn da testa con sordina.
Y por último, el bass-pipe
a vara simbolizará los bajos instintos de la Princesa.
Les Luthiers interpretan a continuación el cuento orquestal para
la niñez "Teresa y el Oso" de Johann
Sebastian Mastropiero.
MM: Aquella,
habría sido una tranquila mañana de otoño en el
bosque, una mañana de otoño común y corriente,
si no fuera porque ya eran las cuatro de la tarde y estaban en verano.
Todos los animales habían sido citados por la Princesa Teresa
en un claro del bosque para averiguar cuál de ellos era su prometido,
el duque Sigfrido el Erguido. El duque, había sido hechizado
por la Bruja Granuja, que no sólo lo había transformado
en algún animal del bosque, sino que además, le había
quitado la memoria.
El Pajarillo Amarillo, cantaba alegremente. El pajarillo decía:
"Solo el amor de la princesa puede devolver la forma humana al
duque". En ese momento, se presentó el Jabalí Alí.
El jabalí preguntó: "¿Por lo de la princesa
es aquí?" "Sí", dijo el pajarillo, "
Nos han citado a todos, a propósito, ahí viene el Cascarudo".
Por último, apareció arrastrándose, el Molusco
Pardusco. El molusco dijo: "He perdido mi caparazón, ¿no
lo han visto?" , y el pajarillo le respondió: "Hubieras
pagado el alquiler". En ese momento llegaba corriendo la Mulita
Julita. "Qué te pasa", preguntó el pajarillo,
"¡Ay!", se quejó la mulita, "¡Me persigue
el Oso Libidinoso!", y apareció corriendo tras ella, el
Oso Libidinoso. El oso, perseguía a la mulita ofreciéndole
una margarita y recitándole un poema que decía: "¡Sublime
éxtasis de amor, mulita, que acelera mis latidos, vayamos, vayamos,
vayamos, vayamos, vayamos pronto!". El molusco se interpuso resueltamente.
El oso al verlo bramó: "¿Y tú qué quieres,
despreciable molusco?" "¿No vio mi caparazón?"
El instante fue aprovechado por la mulita, quien se escondió
ayudada por el Pajarillo Amarillo.
Hacía ya tres lunas que la bruja había hechizado al duque.
La Princesa Teresa deambulaba en su búsqueda, acompañada
por sus fieles Gansos Mansos. El pajarillo anunció: "¡Ya
llega la princesa! ¡Que triste está!", y apareció
la princesa. La Princesa se lamentaba de su suerte, seguida en silencio
por los tres Gansos Mansos. Entonces, apareció la Bruja Granuja.
La bruja se burlaba: "¡Nunca sabrás en qué
animal he convertido al duque! ¡Ni siquiera él recuerda
nada!" La princesa clamaba: "¿Dónde estás,
Sigfrido? ¡Sigfrido! ¿Qué clase de animal eres?"
Los gansos consolaban a la princesa: "¡Tranquilízate!",
dijo el gansito pequeño, "Ten calma", agregó
la gansa robusta, "Todo irá bien", dijo el ganso viejo.
"¿No vio mi caparazón?" De pronto, la gansa
lanzó un grito, le dio una tremenda bofetada a un cuarto ganso
enorme que estaba a su lado y salió corriendo. El ganso enorme
no era otro que... ¡el Oso Libidinoso disfrazado de ganso!, que
perseguía a la gansa ofreciéndole una margarita al grito
de "¡Sublime éxtasis de amor, gansita, vayamos, vayamos
pronto!". Los gansos fueron en ayuda de la gansa robusta, y la
princesa se quedó sola. "No debo flaquear", díjose
la princesa, "debo encontrar al duque". Pero en ese momento,
se hicieron oír los bajos instintos de la princesa: "Olvida
al duque. Recuerda los abrazos de aquel fornido sargento de alabarderos",
"pero, debo cumplir con mi deber". "¿Y si algo
falla y el hechizo se rompe sólo a medias? El duque podría
quedar medio animal..." "Bueno, en eso es igual el sargento...".
"Olvida al duque...", "No puedo hacer eso", "Olvídalo...",
"No puedo", "Olvídalo...", "No puedo",
"Olvídalo...", "No puedo"...
DR: "¡Yo
tampoco puedo!..."
MM: Mientras
esto sucedía en el bosque, veamos qué pasaba en una pacífica
granja cercana.
El granjero, silbando distraídamente, ordeñaba a la Vaca
Resaca. La vaca rumiaba sus pensamientos... y otras flores que había
comido esa mañana. "¡Que extraño!", pensaba
la Vaca Resaca, "es la primera vez que me ordeña de tarde..."
y comenzó a girar su cabezota para pedirle al granjero que no
insistiera. Cuando lo vio al granjero, Resaca lanzó un mugido
de sorpresa y salió corriendo. El granjero no era otro que...
¡el Oso Libidinoso disfrazado!, quien comenzó a perseguirla
ofreciéndole una margarita al grito de "¡Sublime éxtasis
de amor, vaquita, vayamos, vayamos pronto!".
En el bosque, la princesa, ayudada por los Gansos Mansos, seguía
tratando de descubrir cual de los animales era el duque hechizado. Ya
habían interrogado a casi todos, sin ningún resultado,
hasta que... "¡Ustedes dos!", bramaron los gansos dirigiéndose
al pajarillo y la mulita, "¿qué hacían la
noche en que el duque fue hechizado?", "nada, nada",
"¡confiesen!", "y bien, sí, pero nos vamos
a casar". Un fracaso más. "El jabalí, miren...",
dijo la Princesa, "¡Sí, sí, no hay duda!, tiene
la misma mirada que el duque!". El jabalí, con sombría
voz declaró: "Es que yo no soy un jabalí". "¡Oh!",
se sorprendieron todos, "¡yo soy... ¡", "¡él
es... !", "un duque hechizado", "¡el duque
Sigfrido!", "no, el duque de Mantua". "¿Y
qué haces aquí?", preguntó sorprendida la
princesa, "¡me echaron de Rigoletto!". La última
posibilidad había fracasado.
De pronto, de la espesura surgió el Oso Libidinoso. "¡Aguarden!",
exclamó el oso, y continuó diciendo: "al ver a la
Princesa Teresa y oír lo que ustedes hablaban recuperé
la memoria! Ahora entiendo el porqué de mi vergonzoso desenfreno
¡He sido víctima de un cruel encantamiento! ¡Gracias,
amor mío, por venir a salvarme! ¡Yo soy el duque Sigfrido!".
La Princesa lo tomó al oso de la mano y ambos se internaron en
la gruta nupcial del amor mágico. Una vez repuestos de la sorpresa,
los animales emocionados y en silencio se quedaron en la entrada de
la gruta, a la espera del regreso de la noble pareja. Al fin el ganso
viejo anunció: "¡Atención, que ya vuelven!".
En efecto, primero apareció la Princesa Teresa y detrás
de la Princesa... ¡el oso todavía no se había transformado!
"No entiendo, duque, no entiendo", dijo la Princesa, "hemos
hecho todo bien". El oso bajó la cabeza y musitó:
"Yo no soy el duque. Era una mentirita..." Se armó
entonces un gran revuelo. Los animales se peleaban por acercarse a la
Princesa gritando todos: "¡Yo soy el duque!", "¡No,
mentira!, soy yo, señorita..." , "Pruebe conmigo que
no se va a arrepentir". Hasta que la bruja Granuja gritó:
"¡Basta!, ¡aléjense!, déjenla sola...déjenla
sola a la Princesa...Yo, envidiosa del éxito de la Princesa,
quise perjudicarla, pero ahora me doy cuenta de que le hice un favor.
¡Atención!, les diré cual es el duque. El Duque
Sigfrido es...¡el molusco!" y la Bruja Granuja se lanzó
a llorar desconsoladamente, mientras el oso, conmovido, le ofrecía
una margarita. Todos felicitaron al molusco, quien tomó a la
princesa del brazo y se la llevó a la gruta, como un duque. Una
vez repuestos de la sorpresa, los animales emocionados y en silencio
se quedaron en la entrada de la gruta a la espera del regreso de la
noble pareja. Hasta que por fin aparecieron la hermosa Princesa Teresa
y el apuesto duque Sigfrido el Erguido, con las manos entrelazadas y
mirándose a los ojos. Dijo el duque: "Gracias , amor mío,
por venir a salvarme", "No me lo agradezcas", dijo ella,
"para mí fue un verdadero placer". "Ahora iremos
a palacio a festejar nuestra boda", dijo él, "y seremos
muy felices". "Oh, Sigfrido...", dijo Teresa, "quisiera
pedirte una cosa", y dijo algo al oído del duque. "Concedido...",
contestó el duque, "tendrás la dama de compañía
que tú deseas".
Y ya el
duque y la princesa inician su triunfal regreso al palacio. Todos los
animales los escoltan en eufórico cortejo. Los animales bailan
alegremente. Y allá van todos, felices y contentos, a celebrar
los fastuosos esponsales. Y encabezando el cortejo, el duque, radiante,
y la princesa con su flamante dama de compañía... el Oso
Libidinoso.
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